Economía de las plataformas, riesgos y heurísticas

 

¿Se imaginan un mercado de trabajo predominantemente regido por un modelo de relaciones laborales similar al que ahora mismo proponen ciertas plataformas digitales como, por ejemplo, Glovo o Deliveroo?

Como he expuesto en otras ocasiones, si estos modelos se consolidan sobre las bases de su arquitectura actual (trabajo autónomo o TRADEs), es muy probable que todos los sectores de la economía que puedan digitalizarse tenderán a imitarlos (por la ventaja competitiva que lleva aparejada).

Si esto llegara a ser una realidad, convendremos que la precariedad laboral sería muy superior a la actual (en intensidad y personas afectadas) y, tratando de no pecar de alarmismo, creo que las afectaciones en términos de bienestar individual y colectivo serían probablemente muy negativas (y, como apunté recientemente, algo parecido podría suceder si se optara por una relación laboral especial).

Entonces,

¿porqué no visibilizamos este riesgo (y actuamos en consecuencia para prevenirlo)?; y

¿porqué los consumidores de estas plataformas son insensibles a la extrema precariedad de los prestadores del servicio?

Pues bien, es posible que lo que en el mundo de la psicología se conocen como heurística de la disponibilidad y la heurística del afecto puedan explicar este comportamiento (y, obviamente, otros muchos otros).

 

A. Pero, ¿qué es una “heurística”?

El término “heurística” (KAHNEMAN, 2012, p. 132 y 133) se refiere a un “procedimiento sencillo que nos ayuda a encontrar respuestas adecuadas, aunque a menudo imperfectas, a preguntas difíciles. La palabra tiene la misma raíz que eureka”.

Este concepto surge a partir de las investigaciones de los psicólogos KAHNEMAN y TVERSKY sobre cómo la gente puede hacer “juicios de probabilidad sin conocer con precisión lo que es la probabilidad”. Según estos autores, tendemos a “simplificar de algún modo esta tarea imposible”, concluyendo que, cuando se pide “juzgar probabilidades, la gente realmente juzga algo y cree que ha juzgado sobre probabilidades”.

En definitiva, “generamos opiniones intuitivas sobre asuntos complejos”, de modo que, “cuando no encontramos pronto una respuesta satifactoria a una pregunta difícil, encontramos una pregunta relacionada más fácil y la respondemos”.

 

B. Heurística de la disponibilidad

Siguiendo a KAHNEMAN y TVERSKY (1974, p. 554 y 555), la “heurística de la disponibilidad” puede sintetizarse del siguiente modo: “la gente estima la frecuencia de una clase, o la probabilidad de un evento, por la facilidad con que ejemplos o sucesos acuden a su mente”. Y añaden, “la disponibilidad es un recurso útil para estimar la frecuencia o la probabilidad porque los ejemplos de grandes clases suelen recordarse mejor y más rápidamente que los ejemplos de clases menos frecuentes”.

Es decir (LEWIS, 2018, p. 201),

“cuanto más fácil se trae a la mente una situación – cuanto más disponible esté -, más probable es que lo hagamos. Cualquier hecho o incidente que se especialmente vívido, reciente o común – o cualquier cosa que preocupe a una persona – tiene más probabilidades de ser recordado con facilidad, y se le dará una importancia desproporcionada en un juicio”.

Por ejemplo (siguiendo con el último autor citado), si se va conduciendo por la carretera y se pasa por un lugar en el que se ha producido un accidente en el pasado, tendemos a reducir la velocidad porque nuestra sensación de la probabilidad a verse envueltos en un accidente ha cambiado. O bien, la visualización de una película sobre el peligro de una guerra nuclear, hace que nos preocupemos más por ello y, de hecho, sentimos que es más probable que ocurra.

Y en la práctica esto significa (siguiendo ahora a SUNSTEIN, 2006, p. 15) que,

“si un incidente está rápidamente disponible en la mente pero es estadísticamente infrecuente, la gente va a sobreestimar el riesgo; si no vienen ejemplos a la mente pero el riesgo estadístico es alto, la heurística puede dar a la gente una sensación injustificada de seguridad”. Por ejemplo, “la adquisición de seguros contra desastres naturales está en gran medida relacionada con experiencias recientes” (p. 64).

Y, como apunta LEWIS (2018, p. 203), conviene advertir que estos autores no están sugiriendo que las personas “seamos estúpidas”. Al contrario,

“Esta regla particular que utilizamos para juzgar probabilidades (cuanto más fácil me resulte recuperarlo de mi memoria, más probable es) funciona muchas veces bien. Pero si se nos presentan situaciones en las que resulta difícil recuperar de la memoria la evidencia que necesitamos para juzgarlas correctamente, y en cambio se nos aparece una evidencia engañosa, cometemos errores”.

De modo que, lo verdaderamente relevante es que el heurístico de la disponibilidad (y las valoraciones sesgadas de los riesgos que provoca) contribuye a explicar muchas conductas relacionadas con las contingencias que nos acechan y sobre todo nuestras decisiones a tomar precauciones. Especialmente porque (SUNSTEIN, 2006, p. 64 y 65)

la disponibilidad puede adormecer hasta la complacencia, puede volver invisibles ciertos riesgos a los que no se accede con facilidad, y se cumple eso de que ojos que no ven corazón que no siente”.

A su vez, lo que se conoce como “optimismo no realista” tampoco ayuda. En efecto, las personas tendemos a asumir más riesgos individuales porque sobreestimamos nuestra inmunidad personal y, por ello, tendemos a dejar de tomar medidas preventivas razonables (o adoptamos precauciones insuficientes).

Y, centrándonos en el ámbito de la economía de las plataformas, el consumo creciente (y, si se me permite, “despreocupado”) de los servicios que proveen y la pasividad legislativa (procrastinando la adaptación de ciertas reglas del régimen común a las especificidades de este entorno) son, en mi opinión, ilustrativos de los efectos que produce esta heurística pues da la sensación que hemos asumido que los riesgos son invisibles. Y la “heurística del afecto” que expondré a continuación podría estar contribuyendo intensamente a este efecto.

 

C. Heurística del afecto

Complementando lo apuntado en el apartado anterior, debe tenerse muy presente que nuestras percepciones sobre los riesgos están estrechamente asociadas al beneficio o satisfacción (alto o bajo) que acarrean. Así (SUNSTEIN, 2006, p. 73), un “juicio sobre un riesgo bajo va de la mano con un juicio de beneficios altos. El solo hecho de que se sepa que las actividades tienen beneficios altos sesga el juicio en su favor, y hace que la gente además subestime los costos”.

Es decir, el hecho de que los servicios de las plataformas nos resulten útiles o nos mejoren la vida dificulta que podamos apreciar o visibilizar sus riesgos.

En efecto, siguiendo con SUNSTEIN (2006, p. 76 y 77 – que recoge el trabajo del psicólogo SLOVIC) lo que se conoce como “heurística afectiva” incide de una forma muy destacada en estos casos, a modo de atajo mental de una evaluación más cuidadosa. Y esto es así, porque “la información sobre los beneficios modifica los juicios acerca de los riesgos, y que la información sobre los riesgos modifica los juicios acerca de los beneficios”.

Es decir, para ilustrar, en virtud de esta heurística, “nuestras simpatías y antipatías determinan nuestras creencias sobre el mundo”. De modo que “si nos gusta la actual política sanitaria, creemos que sus beneficios son sustanciales y sus costes más razonables que los costes de otras políticas alternativas” (KAHNEMAN, 2012, p. 139).

Así pues (de nuevo, según SUNSTEIN, 2006, p. 76 y 77), “cuando se la enfrenta con un riesgo, la gente adopta una actitud general emotiva hacia él – es decir, un ‘afecto’ – y esta actitud general opera como heurística, afectando en gran medida sus juicios tanto respecto de los beneficios como de los peligros”.

Así pues, nuestras valoraciones sobre los productos y actividades están mediadas por el afecto (SUNSTEIN, 2006, p. 77). Y esto es especialmente así, cuando “nos gusta” una actividad o producto (o cuando se toman decisiones con poco tiempo).

En paralelo, el adjetivo “colaborativa” al que (muy controvertidamente) se le atribuye a los servicios de estas plataformas, sin duda, contribuye a dar una visión positiva de los mismos, haciendo que la valoremos más (contribuyendo a disimular los aspectos negativos). Y esto es así, porque el “lenguaje es mágico” y tiene una importante carga persuasiva. En este caso, este adjetivo transmite una visión positiva de la humanidad, pues, hace que parezca “abnegada y altruista, como si estuviéramos dejando a nuestra hermana jugar con nuestras piezas de Lego, o donando un riñón a un huérfano” (ARIELY y KREISLER, 2018, p. 223).

 

D. Posibles “correctores” de los errores cognitivos

En estos casos, una de las posibles medidas que a priori contribuirían a contrarrestar los efectos de las heurísticas descritas sería que las instituciones incrementaran la información sobre los riesgos asociados al consumo en la economía de las plataformas. Especialmente porque incidiría en los juicios acerca de los beneficios que la gente asocia a los servicios que consumen.

El objetivo es superar los problemas provocados por las limitaciones cognitivas, derivadas de la disponibilidad y la afectividad, procurando que la gente tenga una idea plena, en lugar de limitada, de lo que está en juego, sacándola de la inercia de la indiferencia (SUNSTEIN, 2006, p. 155).

Y esta actuación institucional es particularmente importante porque no conviene olvidar que existen grupos de interés que explotan mecanismos cognitivos para disminuir la preocupación acerca de problemas serios. Y, en estos casos, “es deseable contar con salvaguardas institucionales” (SUNSTEIN, 2006, p. 84).

En este sentido, creo que información sobre la precariedad de “personas concretas” que prestan servicios en la economía de las plataformas (esto es, “víctimas identificables“) y no del colectivo en su conjunto (“Los Riders”, “los Glovers” – “víctimas estadísticas“) es fundamental para tratar de evidenciar la entidad real del riesgo que nos acecha.

Y esta estrategia es, en especial, idónea porque diversas experimentaciones han evidenciado que solo el sufrimiento individual y personal nos interpela (ARIELY, 2011, p. 239). De hecho, muchas campañas públicas para, por ejemplo, prevenir los accidentes de trabajo apelan a este efecto.

 

E. Una valoración final: no son corazonadas, son conclusiones empíricamente contrastadas

Por una serie de razones identificables (errores sistemáticos predecibles), formamos juicios erróneos sobre los riesgos, porque nuestras intuiciones nos despistan. Y, como se acaba de exponer, un remedio que contribuye a disipar este efecto es estar mejor informados (SUNSTEIN, 2006, p. 83).

Es esencial que en la arquitectura de las normas (y de las políticas públicas) se tengan en cuenta los sesgos psicológicos de los destinatarios. De otro modo, difícilmente seremos capaces de anticipar la reacción de los ciudadanos y corremos el riesgo de acabar malgastando muchos recursos y tiempo.

En relación a todo lo expuesto, es importante resaltar que todas y cada una de las hipótesis descritas están fundamentadas en patrones de conducta extraídos de experimentaciones contrastadas (no son meras corazonadas o intuiciones).

Aunque quizás seguimos sin saber los procesos neuronales de gran parte de nuestro comportamiento, siguiendo con ARIELY (2011, p. 10), la lección que ha enseñado cada experimento no puede limitarse al reducido entorno del particular estudio en el que se inscribe, sino que hay elementos que permiten afirmar que estos ensayos son “ilustraciones de principios generales, que permiten entender mejor cómo pensamos y cómo tomamos decisiones en distintas situaciones de la vida”. En definitiva, están permitiendo “comprobar de un modo directo y sin ambigüedades por qué los seres humanos somos como somos”, proporcionándonos una “comprensión más profunda de las características y los matices de nuestros propios sesgos”.

Como apuntaba el titular de una noticia de “El País” (23/2/19), que recoge los resultados de una encuesta reciente sobre la opinión de los españoles sobre las “empresas digitales”, es claro que las plataformas mejoran la vida de los usuarios, no obstante, también lo es que deben jugar con las mismas reglas.

De otro modo, corremos el riesgo que la tecnología del Siglo XXI nos arrastre a un marco de relaciones laborales más propio de finales del XIX y principios del XX.

Espero que estas líneas contribuyan a tomar conciencia del reto que tenemos por delante.

 

 

 


Bibliografía citada

  • ARIELY, D. (2011). Las ventajas del deseo. Ariel, Madrid.
  • ARIELY, D. y KREISLER, J. (2018). Las trampas del dinero. Ariel, Madrid.
  • KAHNEMAN, D. (2012). Pensar rápido, pensar despacio. Debolsillo, Madrid.
  • LEWIS, M. (2017). Deshaciendo errores. Debate, Barcelona.
  • SUNSTEIN, C. R. (2006), Riesgo y razón. Katz, Buenos Aires.
  • TVERSKY, A. y KAHNEMAN, D. (1974). «El juicio bajo incertidumbre: heurísticas y sesgos». En Pensar rápido, pensar despacio. Debolsillo, Madrid.

 

 

2 comentarios en “Economía de las plataformas, riesgos y heurísticas

  1. Interesantìsima aproximación teórica para explicar el uso de las plataformas digitales. Supongo que habrá estudios sobre cuáles son los grupos de edad que con mayor frecuencia de uso o mayor probabilidad de ser usuario de aquéllas. Especulando entiendo que son las franjas de edad de adolescentes, jóvenes y adultos jóvenes (25 – 45 años) las que estarán en la parte central de la ‘campaña de Gauss’, aunque no se puede descartar que los pertenecientes a la franja de edad de adulto maduro (45 a 60) también sean usuarios más que ocasionales.
    Entiendo que es sobre estas franjas e edades sobre las que los grupos de interés centren sus campañas publicitarias y de ‘captación’ por diversas razones entre las cuales podrián estar la capacidad de tomar decisiones autónomamente, la disponibilidad de recursos económicos limitados y una mayor tendencia a la toma de decisiones impulsiva y a dar satisfacción inmediata a sus impulsos y deseos.
    Sólo son deducciones carentes de apoyo en datos y estudios empíricos, basadas en mi percepción y apreciación subjetivas. En cualquier caso, dada la necesidad de que se lleven a cabo actuaciones de educación y concienciación por parte de instituciones públicas (e incluso privadas con o sin intereses en el sector puesto que después de todo la economía de plataformas es una forma de ‘competencia desleal’) es, como usted señala, una necesidad perentoria que debe acometerse con celeridad y prudencia.

  2. Sólo añadir una frase con la que me he topado en el blog de Juezas y Jueces para la Democracia, en su revista jurídicción social de febrero de 2019, en el artículo firmado por la magistrada Adoración Jiménez Hidalgo en el que cita a nada menos que a Leonardo Da Vinci:
    “Nada nos engaña tanto como nuestro propio juicio”.

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