Sobre el altruismo: un agradecimiento a quienes mantienen las constantes vitales sociales, económicas y de nuestra salud

 

Una de las cosas más impresionantes de estos días es ver el incondicional sacrificio, generosidad y esfuerzo de todas y cada una de las personas que mantienen las constantes vitales sociales, económicas y de nuestra salud mientras la inmensa mayoría permanece confinada. Sin estos miles de héroes anónimos, la situación sería insoportable.

Teniendo en cuenta el riesgo de contagio que muchas de estas conductas acarrean, el altruismo de estas personas sobrecoge. Y merece el mayor reconocimiento y admiración posibles.

En el fondo, la abundancia de estos testimonios cuestiona la tesis de lo que se conoce como el egoísmo psicológico y evidencia la fortaleza del comportamiento altruista y cooperador.

El objeto de esta entrada es aportar una breve explicación sobre los motivos que pueden explicar este comportamiento humano.

Y, sobre todo, compartir con ustedes un modesto homenaje a todos ellos.

 

Sobre el egoísmo psicológico y la teoría de la evolución

El egoísmo psicológico es una derivada del hedonismo psicológico. Según esta teoría, (SOBER y SLOAN, xiii a xiv) toda actividad humana debe dirigirse a maximizar el placer y minimizar el dolor, de modo que la obtención de placer y la huida del dolor

«son los únicos motivos remotos de las personas, el resto de nuestros deseos sólo son un medio para lograr estos fines gemelos».

Partiendo de esta base teórica (193, xiii, xiv y 195), la teoría del egoísmo psicológico entiende que

«los únicos motivos remotos de un individuo están dirigidos a sí mismo; las personas desean su propio interés y nada más, como un fin en sí mismo». De modo que «el objetivo final de todo individuo es su propio beneficio»; así que «cuando nos importa lo que les sucede a los demás, sólo lo hacemos como un medio para aumentar nuestro propio bienestar».

Téngase en cuenta que (195) el objetivo de obtener beneficios materiales, es uno de los posibles motivos que poseen las personas y ayudan a explicar algunos aspectos de su comportamiento humano, pero el término «egoísmo» despliega una noción más amplia del beneficio a uno mismo, incluyendo también las recompensas internas (psicológicas).

Así pues, en virtud del egoísmo psicológico «las personas jamás tienen motivos remotos altruistas». De hecho, en la medida que los seres humanos desean beneficios internos psicológicos, «cuando las personas sacrifican sus propios intereses para ayudar a otra», lo hacen para «sentirse bien y evitar la culpabilidad».

Es cierto que

«es difícil refutar el egoísmo psicológico, pero también resulta difícil probarlo. Incluso si se piensa en una explicación puramente egoísta para todos los actos de ayuda, esto no significa que el egoísmo sea cierto. Después de todo, el comportamiento humano también es compatible con la hipótesis contraria: algunos de nuestros objetivos remotos son altruistas».

La teoría de la evolución de DARWIN, no obstante, parece que, a priori, confirmaría el enfoque egoísta.

Como saben, el concepto básico de la selección natural es que «las características evolucionan porque ayudan a los individuos que las poseen a sobrevivir y reproducirse».

Así, por ejemplo, la selección natural hará que las cebras más veloces sean más aptas al tener más opciones de evitar a los depredadores y, por consiguiente,

«son más capaces de sobrevivir y tienden a tener más descendencia que las más lentas. Si la descendencia se asemeja a sus progenitores, la frecuencia de cebras veloces (…) aumentará (…). Una cebra que corre más rápido se beneficia a sí misma, y no a otras cebras, ni a otros leones, ni a todo el ecosistema».

Así pues, en este ejemplo, «la selección natural favorece a los que se ayudan a sí mismos». Por tanto, parece que

«ayudar a otros individuos a sobrevivir y reproducirse a expensas de la propia supervivencia y reproducción es precisamente lo que eliminaría la selección natural. A corto plazo, la selección natural parece un proceso que fomenta el egoísmo y erradica el altruismo».

Sin embargo, observando el comportamiento de ciertos animales (que sacrifican su vida para proteger al grupo), el propio DARWIN sostuvo que la

«selección natural a veces actúa sobre los grupos, al igual que otras veces actúa sobre los individuos. Un altruista puede tener menos descendencia que un no altruista dentro de su propio grupo, pero los grupos altruistas tendrán más descendencia que los grupos de no altruistas».

Hoy en día, la teoría evolutiva de la selección de grupos (y que se opone al concepto de egoísmo de la biología evolutiva) explica muchas adaptaciones biológicas y cuenta con una robusta construcción teórica y sólidos apoyos empíricos: en la naturaleza son diversas las evidencias sobre el altruismo evolutivo. Esto es, sobre las situaciones en las que aumenta la aptitud de los demás y disminuye la aptitud del actor, al margen de cómo piense o qué sienta.

 

Sobre el altruismo psicológico

Los motivos remotos altruistas existen (SOBER y SLOAN, 197 a 199). Aunque sería poco realista sostener que todos ellos son altruistas. De hecho, el altruismo psicológico defiende que el interés propio gobierna algunos aspectos del comportamiento humano (no todos).

Así pues, el altruismo psicológico es una teoría pluralista de la motivación (no monista), pues, las «personas poseen deseos remotos acerca de otros [al menos durante un tiempo], así como acerca de sí mismas» (en cambio, el egoísmo sostiene que todos nuestros deseos remotos están dirigidos a nosotros mismos).

Y sobre el altruismo cabe establecer las siguientes consideraciones:

  • Primero, «atribuye a las personas deseos remotos acerca del bienestar de individuos distintos a sí mismos» (personas o no). Y es importante destacar que los altruistas desean en «último término deseos remotos acerca de lo que piensan que es bueno para los demás».
  • Segundo, el placer que una persona obtiene por el hecho de ayudar a los demás sin recibir un beneficio externo (199), en tanto que es una forma de hedonismo, no puede ser calificado propiamente como un comportamiento altruista.
  • Tercero (205 y 208), que es posible que la empatía y la compasión no impliquen automáticamente la existencia de deseos altruistas, ni tampoco que el altruismo esté siempre motivado por principios morales.
  • Cuarto, el carácter pluralista del altruismo es importante a nivel lógico, pues, si se demuestra que una persona posee «un motivo remoto egoísta no rebate la hipótesis del altruismo, pero una hipótesis que demuestre que las personas poseen un motivo remoto altruista concreto sí rebate la hipótesis del egoísmo (dado su carácter monista)».

Sin embargo, (239) lo cierto es que la bibliografía psicológica no ha sido capaz de demostrar que la hipótesis del egoísmo sea falsa, pero tampoco que la del pluralismo también lo sea. De hecho, el egoísmo, si bien manifiesta que nuestros deseos remotos están dirigidos a nosotros mismos, no es capaz de describir lo que queremos. En cambio, el pluralismo, si bien expone que algunos de nuestros deseos remotos están dirigidos a otros, no nos dice por quién nos preocupamos, ni lo que queremos para ellos.

Llegados a este estadio (una especie de cul-de-sac), SOBER y SLOAN (262 y ss.) sugieren que, al margen de consideraciones psicológicas, una parte del comportamiento altruista puede explicarse por motivos evolutivos biológicos (junto con otros factores). Y la base evolutiva del altruismo es, en general, apreciable en la ayuda o cuidados parentales. En efecto, los progenitores consideran el bienestar de sus hijos como un objetivo remoto (sin perjuicio de que posean otros deseos que puedan influir en el trato de sus hijos).

Sin embargo, el marco social de la vida humana ancestral sugiere que el interés por los demás probablemente abarca un círculo más amplio (no circunscrito al cuidado parental), conduciendo a la evolución de comportamientos que TOMASELLO califica de «mutualistas» (105).

Y, en este sentido, las aportaciones de TOMASELLO (32 y 50) son determinantes, pues, a partir de la observación de infantes (de entre 12 y 18 meses), son diversas las evidencias que rechazan la idea de que hemos nacido egoístas (como sostiene DAWKINS, 13) y que el altruismo sea un producto exclusivo del ambiente cultural, de la socialización o de la intervención de nuestros progenitores.

Si bien es cierto que (51) la maduración y la socialización nos vuelve más cautelosos – es decir, más selectivos con nuestro altruismo -, (63 y 64) desde muy pequeños, disfrutamos de una «racionalidad social» que nos lleva a identificarnos con los otros, despertando una «intencionalidad compartida».

Y es posible que esto nos haya convertido en una «especie cultural» (11 a 16). Circunstancia que nos ha permitido inventar artefactos y prácticas comportamentales nuevas para lidiar con las exigencias del medio ambiente local. Y los factores que lo han posibilitado han sido fundamentalmente dos: la evolución cultural acumulativa y las instituciones sociales. Tras ellas «hay todo un conjunto de habilidades cooperativas y motivaciones para colaborar que son exclusivas de nuestra especie» y que se articula a partir de la “intencionalidad compartida” citada. Y, más específicamente, esta se refiere a,

«los procesos psicológicos subyacentes que hacen posibles esas formas únicas de cooperación (…) [y] comprende la capacidad de generar con otros intenciones y compromisos conjuntos para las empresas cooperativas. Esos compromisos e intenciones acordados en común se estructuran por medio de procesos de atención conjunta y conocimiento mutuo, que descansan todos sobre las motivaciones cooperativas de ayudar a otros y compartir cosas con ellos».

En el fondo, el pluralismo motivacional posee (SOBER y SLOAN, 288 a 290), un grado más elevado de verosimilitud evolutiva. Un organismo inteligente y sofisticado como el ser humano puede encontrar ventajas adaptativas preocupándose por cuestiones que van más allá de sentirse bien y no sentirse mal.

Y es obvio que

«las personas quieren experimentar placer y evitar sentir dolor. Sin embargo, los seres humanos han complementado estos deseos hedonistas de dos formas. Lo que queremos para nosotros mismos se extiende más allá del deseo de obtener estados de consciencia placenteros; y creemos que los seres humanos también poseen deseos remotos acerca del bienestar de otros (…). [U]na cosa es que el placer y el dolor actúen como motivadores, y otra muy diferente que sean lo único capaz de motivarnos».

Valoración final

La crisis sanitaria ha despertado un sentimiento profundo de lealtad hacia los miembros de la sociedad, impulsando la necesidad de trabajar mutuamente y con extraordinaria intensidad y dejando en un segundo plano sentimientos más individualistas. Y la unión se ha producido ante la perspectiva de un destino común.

Y, en algunas situaciones, comportarse como parte de un grupo coordinado se está evidenciando, literalmente, como una cuestión de vida o muerte, en la que el más ligero error (o la más mínima reticencia a participar) puede ser desastroso para todos. Y es probable que esta reacción altruista forme parte de la evolución humana y con importantes consecuencias de aptitud y, por consiguiente, adaptativas.

Debo confesarles que el hecho de que haya tantas personas que estén exponiendo su vida para ayudar a terceros me produce una profunda impresión. Y son muchos los días que me emociono.

Aunque esté a años luz de su sacrificio, el gesto de aplaudirlos cada día (como en el caso de los vecinos de Badalona con Encarna) es lo mínimo que podemos hacer.

Yo lo hago a rabiar.

 

 

 


Bibliografía citada

  • DAWKINS, R. (1993). El gen egoista. Salvat.
  • SOBER, E. y WILSON, D. S. (2000). El comportamiento altruista. Siglo XXI.
  • TOMASELLO, M. (2019). ¿Por qué cooperamos?. Katz. 

 

Finalmente, les recuerdo que en este enlace puede acceder a todas las entradas publicadas en relación al COVID-19 y en este a la síntesis cronológica de todos los RDLey aprobados.

 

1 comentario en “Sobre el altruismo: un agradecimiento a quienes mantienen las constantes vitales sociales, económicas y de nuestra salud

  1. Fantástico Nacho, fantástico. Gracias también por compartir tu trabajo y reflexiones con nosotros. Cierto, hay grados, pero también es altruismo.

    No sólo ahora, sino especialmente durante la reconstrucción, el altruismo que nos describes será clave para avanzar hacia una sociedad mejor y, quizás, estadio superior de esa evolución.

    Invito a ver la acción de ayer de bomberos y otros de los profesionales que evoca Nacho ante el Hospital de Igualada.

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