
by #mysisolove
El propósito de esta entrada es compatir el contenido de dos ponencias recientes.
En primer lugar, la titulada: «Protección de datos y contrato de trabajo» (acceso al pdf aquí).
El propósito de mi intervención era dar cuenta, sin ánimo de exhaustividad, de algunas novedades relevantes sobre esta cuestión desde el punto de vista normativo y jurisdiccional. No obstante, con carácter previo, a modo de contexto, también expuse algunas reflexiones que exceden el ámbito laboral y que me gustaría compartir en esta entrada (a modo de notas telegráficas):
Primera: los datos son el nuevo polvo de oro para fundir lingotes. De ahí que un sector creciente e influyente de la economía haya pasado de producir bienes basados en átomos a bienes basados en bytes.
Segunda: esta economía de datos ha impulsado una desenfrenada carrera hacia la datificación masiva. De lo que se trata es de recopilar todos los datos posibles y, cuando sea factible, absolutamente todos (incluso los erróneos).
Tercera: estamos rodeados de dispositivos que, de forma implacable, ejecutan una pegajosa antropometría individual y colectiva.
Cuarta: la proliferación de algoritmos extractivos está permitiendo el encapsulamiento de la realidad para crear una ecología habitable para la inteligencia artificial (IA).
Quinta: este granero descomunal de datos, combinado con estadística computacional muy avanzada, se ha convertido en el nuevo suero de la verdad digital y la IA, como nuevo oráculo, ya nos sugiere cursos de acción e, incluso, empieza a «atreverse» a tomar decisiones por nosotros.
Sexta: hay indicios que sugieren que este drenaje se va a intensificar en varios órdenes de magnitud. Sin olvidar la imponente inercia tecnológica, uno de los motivos que podrían explicar esta tendencia es que, en contra de nuestra autopercepción, la privacidad no es un valor al alza. Al contrario. Lo ninguneamos sin parar. Nuestra docilidad frente a intromisiones que, hace pocos años, hubiéramos calificado como intolerables y repugnantes, es pasmosa.
Para muestra, algunos botones: el exhibicionismo personal en las redes sociales es el nuevo canon y, además, empieza en edades muy tempranas. Hemos aceptado despreocupadamente que terceros rastreen indefinidamente nuestra «navegación» y hemos interiorizado, sin reservas, que sepan en todo momento dónde estamos, qué leemos, que vemos, que escuchamos o qué compramos. Nos parece normal que terceros procesen nuestros datos sobre lo que escribimos y que hagan lo mismo con nuestros estados de ánimo y emociones. Llegados a este punto tampoco debería sorprendernos que no nos importara que terceros sepan quién nos resulta atractivo o, incluso, con quién nos acostamos. Y, para concluir con esta lúgubre exposición de total apatía, tampoco damos mucha importancia a que estos terceros escuchen permanentemente nuestras conversaciones domésticas a través de los asistentes de voz.
Pero la situación es más grave si cabe porque la posible inquietud que esta enumeración les haya podido causar (y que – no nos engañemos -, en el mejor de los casos, se disipará en unos días), es nula en las generaciones más jóvenes.
Séptima: Como afirma ZUBOFF: «Olvídense del tópico de que si algo es gratis, es porque ustedes son el producto». En realidad, no son el producto, son el cadáver abandonado del elefante al que le han extirpado los colmillos. «El «producto» es lo que se fabrica con el excedente que han arrancado de sus vidas».
Octava: Las intenciones, emociones y decisiones (el «excedente») ya pueden ser leídas por terceros. Para que se hagan una idea, la IA es capaz de inferir la ideología o la orientación sexual de una persona a partir de su foto de perfil de una red social con un acierto muy superior al nivel del azar (y muy por encima del acierto humano).
Estamos rodeados de ladrones de sombras que drenan los estratos más profundos de nuestro ser, incluida la enorme dimensión inconsciente que gobierna nuestra actividad cerebral y que define nuestra identidad, autonomía y sentido de nosotros mismos. Están empezando a tunelar en estratos de nuestra mente totalmente inaccesibles para nuestra introspección; y,
Novena: No sé cómo lo verán ustedes, pero, a la luz de lo expuesto, creo que es urgente que articulemos un escudo protector para ampararnos frente a esta invasibidad tan extrema.
Precisamente, la segunda ponencia que quería compartir con ustedes toma este punto de partida (y que se aleja de la conocida propuesta de neuroderechos – que entiendo que es redundante).
En efecto, en el marco de la «Jornada del 10º aniversario del Reglamento General de Protección de Datos», organizada por la Autoritat Catalana de Protecció de Dades (APDCAT), pude impartir una ponencia con el siguiente título: «La inercia tecnológica y la última barrera de la privacidad» (y que puede verse en vídeo en este enlace – a partir de 3 h., 22 m. y 16 ss.; y una vez superado el problema con el pasador de diapositivas… y la espada láser jedi … 😅).
Espero que toda esta información pueda serles de alguna utilidad.
#AIFree
#hechoporunhumanoparahumanos
