Psicología de la escasez y pobreza

 

 

La escasez genera insatisfacción y conflictos. No obstante, la sensación de escasez es diferente de su realidad física. Tiene un efecto más profundo, afectando a nuestra percepción subjetiva.

De hecho, la forma como la escasez enfoca la mente es tan poderosa que puede afirmarse que la captura. En estos términos lo exponen MULLAINATHAN/SHAFIR en su (muy recomendable) libro Escasez. De hecho afirman,

«no es sólo una limitación física, sino también un estado mental. Cuando la escasez captura la atención, cambia la forma de pensar, ya sea en microsegundos, horas, días o semanas».

La escasez puede afectar a múltiples y variadas situaciones y dimensiones de nuestra vida. Por ejemplo, si es de tiempo puede ayudarnos a mejorar nuestra atención y la eficiencia. Y aunque esta captura de la mente pueda ser puntualmente beneficiosa (pues, tenemos «un mejor desempeño al ocuparnos de las necesidades apremiantes»), tengan en cuenta que, normalmente, conlleva una contrapartida (un coste): «descuidamos otros asuntos y somos menos eficientes en el resto de nuestra cotidianidad».

Otro aspecto a tener en consideración es que este enfoque que provoca la escasez es involuntario: no podemos evitar el impulso que precipita, pues, se produce por debajo del control consciente. Lo que, combinado con la captura de la atención descrita, acaba entorpeciendo la habilidad de concentrarnos en otras cosas. En efecto, en la medida que no podemos escoger el momento en el que la mente se concentra, cargamos estos problemas a cuestas más tiempo del deseado (de hecho, puede acompañarnos durante horas o todo el día o semanas).

La incidencia en nuestra forma de pensar es relevante porque se traduce en una «visión de túnel» que cambia la forma de elegir. Es decir, al concentrarnos en una cosa y descuidar otras, no podemos evitar que nuestra perspicacia, pensamientos innovadores y control disminuyan. Por consiguiente, este efecto provoca una «inhibición de metas» (crea un objetivo muy importante y «nubla» otros a nuestro alcance). Y, por lo tanto, genera desatención (aunque perjudique en los resultados – y a nosotros mismos).

En este contexto, nuestra capacidad de cálculo, de prestar atención, de tomar buenas decisiones, de apegarse a un plan o de resistir las tentaciones se ven (significativamente) afectadas, reduciendo nuestro «ancho de banda». Esto es, nuestra capacidad cognitiva y el control ejecutivo (aumentando la impulsividad).

Para que se hagan una idea de la importancia de esta aproximación propuesta por MULLAINATHAN/SHAFIR, la escasez incide de forma determinante en un concepto muy relevante de la economía: el coste de oportunidad.

En efecto, como expuse en «Crisis empresarial provocada por la pandemia y extinción de la relación laboral«, la toma de decisiones varía de forma sustancial en función de si se está en una situación de “escasez” (de, por ejemplo, dinero) o de “holgura”. En este segundo caso, al comprar una cosa (por ejemplo, un ticket a un parque de atracciones) no se siente la necesidad de renunciar a otra cosa, de modo que, a diferencia de las personas que se encuentran en una situación de escasez, no se hacen cambios compensatorios (pensando qué otras cosas se hubieran podido comprar con el dinero invertido). Esto es así cuando se trata de comprar algo que representa una cantidad de dinero “pequeña”. De modo que, en estas circunstancias, al no poder determinar a qué se renuncia, es difícil saber el valor de las cosas. Lo que, en términos de la ciencia económica, implica que se estarían tomando decisiones sin considerar el coste de oportunidad.

En definitiva, en situaciones de abundancia, si no se hacen cambios compensatorios, confundimos el valor de las cosas. De hecho, en este sentido, se da la paradoja de que las personas con menos recursos, a la hora de valorar el dinero, disponen de una métrica interna más precisa (porque tienen más presente las renuncias implícitas en sus decisiones – «lo que dejan de hacer») y, por consiguiente, se comportan de un modo más «racional»: se aproximan más al ideal del homo economicus que quienes ostentan una holgura mayor.

 

Escasez y pobreza

Todas estas circunstancias anteriormente descritas, siguiendo con MULLAINATHAN/SHAFIR, inciden especialmente en situaciones de pobreza:

«ser pobre reduce la capacidad cognitiva de una persona en mayor medida que pasar toda la noche sin dormir. No es que los pobres tengan menor ancho de banda mental como individuos; lo que sucede, en cambio, es que la experiencia de la pobreza reduce el ancho de banda de cualquier persona».

Es importante que esta reducción del «ancho de banda» no se refiere a una disminución de la capacidad, sino únicamente de la disponible en el momento. Y, en este contexto, no es raro que aumente la impulsividad.

Por lo tanto, esto significa que hay que ingeniárselas con menos mente disponible. Y, como pueden imaginarse, esto dificulta mucho la vida. Especialmente porque el margen para cometer errores es inferior y, por lo tanto, las posibilidades de fracasar son mayores.

Como exponen MULLAINATHAN/SHAFIR, más allá de lo que se conoce como descuento hiperbólico o el sesgo hacia el presente, el efecto túnel (o la falta de «holgura») somete a la mente a tal presión en el presente que ofusca toda posibilidad de proyectar los efectos de las decisiones a futuro (por ejemplo, una solución rápida ahora puede verse muy atractiva dentro de la visión de túnel, aunque nos acabe generando mayores costes más adelante). En efecto, diversos análisis (por ejemplo, sobre la tendencia al endeudamiento progresivo y creciente de personas de escasos recursos – víctimas de prestamistas depredadores) así lo han evidenciado.

Es como si haciendo malabares con 5 bolas sólo nos fijáramos en la que está a punto de caer (captando toda nuestra atención), atrapándola justo a tiempo para lanzarla de nuevo al aire, sin reparar que hay 4 más suspendidas que lo harán enseguida (impidiendo visualizar los problemas que vendrán a continuación). Hay una lucha constante contra las emergencias diarias (cuya gravedad va acrecientándose progresivamente).

Reparen (y quizás hayan tenido esta sensación en algún momento) que acontecimientos previsibles se convierten en crisis diarias.

O, como apunta, HAMMOND (200) – y que también se hace eco de estos estudios – , «al centrarse en el ahora, la mente deja la visión a largo plazo: se sustituye un enfoque amplio por uno estrecho. La consecuencia es que no se tiene en cuenta si uno realmente podrá devolver el préstamo cuando cobre el salario».

De modo que, siguiendo de nuevo con MULLAINATHAN/SHAFIR, todo lo que se encuentre fuera del túnel es invisible. De ahí que el riesgo a ser víctima de una trampa de la escasez que derive en una escasez perpetua es, en estas circunstancias, muy elevado.

Además se da la circunstancia de que, a diferencia de otras situaciones de escasez, «nadie puede tomar vacaciones de la pobreza. Nunca es una opción decidir no ser pobre». La escasez de opciones disponible es tal que, simplemente, no es viable hacer los cambios que se desean o que se crea que se necesitan.

De modo que la pobreza no sólo significa tener poco dinero, sino también (y, quizás, principalmente) un ancho de banda disponible reducido. Si las personas con preocupaciones económicas sufren el efecto túnel de manera intensa (HAMMOND, 200), podría cuestionarse a quienes les imputan en exclusiva su situación (culpabilizándolos de su infortunio).

De hecho, este diagnóstico ha sido también descrito desde otro punto de vista. Siguiendo ahora a SAPOLSKY (417), la pobreza supone una «desproporcionada cantidad de agentes estresantes psicológicos». No sólo se da una falta de control y de capacidad de previsión, sino que las posibilidades de hacer frente a los agentes estresantes de forma eficaz es inferior. Al no tener recursos de reserva, no cabe hacer planes de futuro y solo es posible dar respuesta al problema que se tiene delante (como les exponía, la bola a punto de caer). Todo tiende a ser reactivo, de modo que la probabilidad de encontrarse en peor situación para afrontar al siguiente agente estresante es muy alta: «hacerse fuerte ante la adversidad es en su mayor parte un lujo que sólo se permiten los que están mejor de dinero».

Y, siguiendo con el último autor citado, «además de todo este estrés y estos reducidos medios para hacerle frente, la pobreza supone una clara falta de salidas». De modo que las personas con recursos escasos tienen muchos más agentes estresantes crónicos diarios.

 

Una última reflexión: la suerte y la generosidad con los menos afortunados

Las situaciones de escasez extrema puede llevar a tomar decisiones que no son beneficiosas en absoluto porque son fruto de lo que se conoce como (HAMMOND, 201) «pobreza de pensamiento».

En definitiva, la psicología de la escasez incide en la conducta humana y, probablemente, es un problema cuyas medidas para solucionarlo deben pasar también por un incremento del ancho de banda (o la disminución del gravamen que lo mina). De otro modo, las posibilidades de revertir estas situaciones son mucho más reducidas.

En todo caso (como expuse en «Sobre el éxito y (sobre todo) el azar que lo precipita«), siguiendo con SANDEL (183 y 185 – que recoge el planteamiento de RAWLS), no se olviden que

el éxito en una economía de mercado depende en buena medida de la suerte, de modo que «difícilmente puede justificarse que el dinero que ganamos es una recompensa a nuestro mérito o nuestros merecimientos».

No obstante, «la humildad de los triunfadores no es una característica sobresaliente de la vida social y económica contemporánea».

Si fuéramos conscientes de nuestra profunda dependencia a los accidentes de la fortuna (empezando por nuestro propio nacimiento – «Un poco de suerte…«), quizás, seríamos más proclives a compartirla con los que son víctimas del infortunio …

 


Bibliografía citada

  • HAMMOND, Claudia (2016), La psicología del dinero, Taurus. 
  • MULLAINATHAN, Sendhil y SHAFIR, Eldar (2016), Escasez, Fondo de Cultura Económica.
  • SAPOLSKY, Robert M. (2008), ¿Por qué las cebras no tienen úlceras?, Alianza Editorial. 
  • SANDEL, Michael J. (2020), La tiranía del mérito, Debate.

 

 

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