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Cuando se cometen pequeños hurtos y el trabajador ve que no tiene consecuencias, lo normal es que no sea uno solo el que comente esa conducta sino varios, por la sensación de impunidad (no tiene consecuencias) y de que todos lo hacen (seguro que también encuentras justificación teórica en la psicología a estas conductas). Por tanto, el despido al que han pillado robando ayuda a cortar de raiz esa conducta ilicita.
Perfectamente de acuerdo con el comentario de Juan, pero además de «cortar de raíz esa conducta ilícita», dónde quedaría en otro caso el planteamiento de que nos encontramos en el seno de un contrato de trabajo y no de cualquier otra relación jurídica. Y entiendo que precisamente por eso, por la bilateralidad, o si se prefiere por la obligación que supone para las dos partes no quebrar el especial refuerzo del principio general de la buena fe que debe operar en el contrato de trabajo, la solución a estos casos no debería ser otra.
Nuestra disciplina está verdaderamente viva, quizás más que nunca. Prueba de ello es coger el periódico del día, la reseña de jurisprudencia, el BOE o el boletín de noticias RED de la TGSS, pero a mi modo de ver, existen conectores con la realidad que deberían ser infranqueables o impenetrables. Como ya expresó desde hace muchísimos años nuestro Alto Tribunal «La esencia del incumplimiento no está en el daño causado, sino en el quebranto de la buena fe depositada y de la lealtad debida»