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Creo que las dudas (mirada crítica) que plantea son tan correctas como frecuentes actualmente, donde parece haberse instalado un criterio general del «todo vale» en las relaciones laborales durante la fase de Estado de Alarma y, lo que es aún peor, durante la desescalada y vuelta a la «nueva normalidad». El loable intento de evitar cierre de empresas y despidos en esta crisis, propicia abusos por parte de empresas y una vulneración constante de derechos laborales.
Uno de los temas menos abordados es la facultad discrecional de la empresa de mantener los ERTE por Fuerza Mayor (Total) pese a haber desaparecido la causa (imposibilidad legal de mantener abierto un centro de trabajo. Sin duda en muchos casos se redujo la demanda, pese a superar las fases de desescalada, pero en modo alguno se mantuvo la Fuerza Mayor para no ponerlo en marcha. Parecería lógico su conversión a ETOP, con una consulta adecuada a los trabajadores, y no una facultad discrecional de la empresa.
Más frecuente aún está siendo, sobre todo después del 30/6, la conversión de facto de ERTES de Fuerza Mayor Total a Parcial, con la mera comunicación de la empresa a la autoridad laboral de la desafección parcial de trabajadores. En este caso, concurren varias causas de posibles vulneración de derechos laborales:
1) La empresa no justifica ni internamente a sus trabajadores, ni a la autoridad laboral, las causas y el alcance de mantener la Fuerza Mayor de manera parcial. De hecho, para mayor infensión de los trabajadores ni siquiera se les informa del período a aplicar, qué ocurre con sus vacaciones (estamos en julio…).
2) Salvo que haya una RLT muy activa y estemos ante una empresa muy sindicalizada, en la mayoría de las PYMES (muchas sin RLT) la empresa no justifica los criterios para la desafección, manteniendo a trabajadores 100% en el ERTE, incorporando otros a tiempo parcial y otros a tiempo completo. Ello podría justificarse en función de categorías profesionales, competencias, turnos, etc., pero puede ser una estupenda arma en manos de empresas de dudosa ética que utilicen la discriminación en la desafección pro criterios subjetivos e incluso como premio-castigo frente a trabajadores más críticos o más sumisos. Sorprende el silencio de los sindicatos mayoritarios ante esta evidente pérdida de derechos laborales. Recordemos que en un ERTE se cobra menos del 70% del sueldo neto mensual, con la agravante de que el 15/9 muchos pasarán a cobrar menos del 50%, además de no devengar días de vacaciones. Es un caldo de cultivo excelente para someter a cualquier trabajador crítico con la empresa.