Un «poco» de suerte…

 

Nuestra existencia como seres individuales, esto es, el hecho de que yo (o usted) viva y, por consiguiente, pueda estar leyendo estas palabras, se debe única y exclusivamente a una contingencia absolutamente azarosa y menor, es decir, la suerte.

Piense en la fortuna que durante miles y miles de años debieron tener todos y cada uno de sus antepasados para que, finalmente, sus padres pudieran conocerse y acabaran engendrándolos. Y, cada una de estas secuencias generacionales fue posible porque fueron capaces de superar (con esfuerzo y/o simplemente gracias al azar) las extremas condiciones de vida de cada época histórica (enfermedades, escaseces, guerras, accidentes).

Podríamos pensar que somos un simple producto darwinista. No obstante, ¿qué me dicen de los pequeños detalles de la vida que, a modo del efecto mariposa, han acabado permitiendo que dos de sus antepasados se acabaran conociendo y acabaran engendrando a la siguiente generación?

O, si lo prefieren (especialmente, si tienen hijos), repasen su biografía y piensen qué hubiera pasado en aquél momento de su vida si en vez de «aquello», acabaron haciendo lo «otro» y eso les llevó a «aquello de más allá» …

Y en esta lotería absolutamente inconmensurable (casi infinita) no podemos olvidar que, de entre todos los espermatozoides y óvulos de cada una de las parejas que han precedido a sus padres, se han ido «combinando» específicamente aquellos (y sólo aquellos) que han acabado permitiendo su nacimiento. Sin olvidar que, justo antes de que cada óvulo fuese fertilizado, hubo un 50 por ciento de probabilidad de que el embrión del que sería cada uno de sus antepasados pudo haber sido femenino o masculino (y eso hubiera cambiado toda la historia de su familia… y hubiera impedido su nacimiento).

No me negarán que estamos hablando de una única posibilidad entre miles de millones posibles (son tantas que escapan de nuestra comprensión). En definitiva, el cálculo de la probabilidad de nuestro nacimiento es un problema insoluble.

O, dicho de otro modo, nuestra existencia se debe única y exclusivamente a un resultado inaudito de ausencia absoluta («absoluta, absolutísima») de mala suerte. Durante miles de años no ha habido ningún factor que haya sido capaz de interceder lo suficiente como para impedir que estemos en este mismo instante respirando (y, por consiguiente, leyendo estas líneas).

No me digan que esto no es nada más y nada menos que «chiripa» (y yo añadiría, «cósmica») …!

Aunque es probable que demos nuestra existencia como un hecho, sería imperdonable que desperdiciáramos la buena suerte que hemos tenido. Y es tanta la «casualidad» que nos ha llevado hasta aquí que es difícil explicarse por qué no estamos en un estado de constante euforia…

Y, quizás, se estén preguntando por qué les estoy hablando de todo esto.

Pues, simplemente, porque leyendo el libro «El espejismo de dios» de R. DAWKINS (p. 22), me he encontrado con este pasaje que quería compartir con ustedes:

«Vamos a morir, y esto es una suerte. La mayoría de la gente no tendrá oportunidad de morir porque nunca habrá nacido. Las personas que podrían haberse encontrado aquí en mi lugar y que nunca verán la luz del día son más numerosas que los granos de arena de Arabia. Estos fantasmas no nacidos seguramente incluyen poetas más grandes que Keats y científicos más grandes que Newton. Podemos asegurarlo porque el conjunto de individualidades posibles que permite nuestro ADN excede con mucho el de personas reales. Entre las incontables posibilidades que podrían haberse materializado, somos el lector y yo, en nuestra medianía, los que estamos aquí…»

Poco más puedo añadir salvo que estoy inmensamente agradecido a que usted esté leyendo lo que escribo… y que creo que no deberíamos olvidarnos de la absoluta singularidad de nuestra existencia.

 

 

 

 

 

3 comentarios en “Un «poco» de suerte…

  1. Una gran reflexion, que nos hace olvidar, por lo menos edta tarde, que hay vida más allá del mundo jurídico, y que sonroja al leerlo, que existan tomos de libros dedicados a la aplicación de una norma jurídica o que el lunes libremos una guerra en los juzgados.

  2. Y si usted está agradecido a que nosotros leamos lo que escribe, nosotros estamos agradecidos de que usted lo escriba y poder leerlo.
    Un cordial saludo

  3. Sigo con atención su blog. Esta vez, de nuevo, me sorprende gratamente. Al excepcional y laborioso laboralista, se añade el de una persona agradecida por su existencia. Gracias por las entradas de todos los días y , en especial, por ésta. Olvidamos con frecuencia el maravilloso milagro de vivir. Gracias por recordármelo con la reflexión de hoy.

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