Pensiones de jubilación y previsión social complementaria: construyendo un futuro ominoso

 

En el marco de la Ayuda a la Investigación Ignacio Hernando de Larramendi 2014 concedida por la Fundación Mapfre sobre “Envejecimiento activo, sostenibilidad financiera y planes de pensiones”al grupo de investigación dirigido por la Dra. Carolina Gala Duran, y del que formo parte, el pasado jueves 3 de diciembre se celebró en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) la “II Jornada de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social. Las últimas reformas en materia de jubilación y el impacto del factor de sostenibilidad“, organizada conjuntamente con la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB).

De hecho, por si fuera de interés, puede accederse a la Jornada en su integridad a través de las grabaciones de las ponencias (y también a las diapositivas de las mismas).

Uno de los aspectos que han sido objeto de estudio ha sido la “Promoción colectiva de la previsión social complementaria” (aquí adjunto la presentación).

El objeto de esta entrada es compartir algunos datos (fuente: Dirección General de Seguros y Planes de Pensiones e Inverco) sobre los principales instrumentos de previsión social complementaria: Planes de Pensiones, con especial atención a los del Sistema de Empleo, y los Seguros Colectivos.

A la espera de finalizar el estudio, también me gustaría compartir algunas reflexiones al respecto (“Apartados III y IV“).

I. Planes de Pensiones

Evolución de las aportaciones a planes de pensiones (2008-2014)

Foto1

Número de Planes de Pensiones (2008-2014)

Foto2

 

Partícipes Fondos de Pensiones (2008-2014)

Foto3

Sectores más “significativos” (2014)

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Distribución de cuentas de partícipes por tramos de aportaciones (2008-2013)

Foto5

Número de cuentas de partícipes por tramo de edad y sexo (2013)

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II. Seguros Colectivos

Foto7 (SCOL)

Número de asegurados por contingenciasFoto8 (SCOL2)

Número de contratos según número de asegurados del contratoFoto9 (SCOL3)

 III. Algunas reflexiones a partir de los datos

A la espera de la publicación del informe final del proyecto de investigación con las conclusiones definitivas, los datos aportados arrojan algunas sombras preocupantes.

Desde mi punto de vista (y así también lo ha manifestado la doctrina más autorizada), los Planes de Pensiones del Sistema de Empleo son el instrumento más adecuado para la expansión de la previsión complementaria privada (más apropiados que, entre otros, los Seguros Colectivos y los Planes de Pensiones Individuales).

Debe tenerse en cuenta que, a medida que progresivamente se vaya aplicando el factor de sostenibilidad y el índice de revalorización (Ley 23/2013), es muy probable que se producirá un paulatino y significativo retroceso de la cobertura de las pensiones de jubilación del nivel contributivo. Y, en este sentido, personalmente me sorprende la relativamente baja atención que esta (más que probable) predicción está teniendo (y el consiguiente desconocimiento generalizado de la población al respecto – en especial, de la que la padecerá plenamente: la más joven). Y más cuando el sistema de pensiones de jubilación público se ha convertido en la acción contra la pobreza más importante de nuestro país.

A partir de la lógica de vasos comunicantes (Monereo Pérez), a medida que el nuevo modelo se implante, lógicamente, se irá incrementando el espacio de juego del sistema asistencial y el del complementario.

Sin embargo, lo preocupante es que, a partir de los datos recientes, no parece que este espacio progresivamente “ganado” (por el retroceso del sistema contributivo) esté siendo cubierto al mismo ritmo por estos instrumentos. De hecho, respecto del sistema complementario, los datos evidencian su extrema sensibilidad a los ciclos productivos regresivos y, fruto de ello, en los últimos años se ha producido un significativo retroceso.

Este retroceso es visible a partir del diversos indicadores.

En cuanto a las aportaciones, se aprecia un descenso muy significativo de las realizadas por los promotores (a partir de 2011, se acusa especialmente la contención presupuestaria de la Administración Pública).

En cuanto al importe de las aportaciones, lo cierto es que los datos muestran que son particularmente escasas. De hecho, en los últimos años, se aprecia un incremento del número de trabajadores que se encuentran en la franja más baja. Esto es, los que aportan como máximo 25€/mes- 300€/año (incremento que supera el retroceso experimentando en la franja inmediatamente superior).

Por otra parte, también puede apreciarse que el momento (la franja de edad) en el que se toma conciencia de la necesidad de llevar a cabo aportaciones es relativamente tardío (lo que se traduce en una reducción del margen de tiempo para poder acumular un capital suficiente a través de estos instrumentos).

Si bien es cierto que, a medida que se aproxima la edad de jubilación, se tiende a incrementar los importes de las aportaciones, la resultante de estos diversos factores describe una dinámica preocupante. Especialmente  porque, se están dando las condiciones para que, al final del proceso, difícilmente pueda acumularse un volumen de capital que pueda complementar debidamente el retroceso que, con toda probabilidad, se producirá en las pensiones contributivas. Lo que, sin duda, muy posiblemente dificultará que pueda alcanzarse en su conjunto unas “prestaciones” que alcancen el nivel de “suficiencia” (entendida en su literalidad).

Personalmente, teniendo en cuenta el bajo nivel de los salarios, la precariedad del empleo que se está creando (parcial y/o temporal), y la inestabilidad asociada, y el retroceso progresivo de la pensión de jubilación contributiva, me cuesta imaginar cómo, aportando (como máximo) 300€/año, podrá complementarse la pensión contributiva (o articular medidas alternativas de ahorro).

Sin olvidar que existe un “sesgo” de género nada desdeñable que describe un escenario particularmente sombrío para las mujeres.

En paralelo, repárese que los Planes de Pensiones del Sistema de Empleo se concentran en sectores económicos muy específicos (y muy significativamente, en el financiero – pues, acumula el porcentaje de capital más importante – casi el 50% del total). Lo que sugiere que hay un número muy elevado de sectores en los que la implantación de estos instrumentos es muy reducida y/o con un capital poco relevante. O, dicho de otro modo, existe un colectivo de trabajadores muy amplio que no tiene ningún tipo de cobertura (o muy baja) a través de estos instrumentos.

En relación a los Seguros Colectivos, también se ha producido un retroceso significativo. Además, a través del número de asegurados por contrato, puede intuirse que su implantación se concentra en las micro y medianas empresas. Circunstancia que sugiere que en estos “sectores”, los Planes de Pensiones del Sistema de Empleo, a pesar de ser la fórmula a priori más apropiada para extender esta cobertura complementaria, no son una alternativa factible (probablemente porque sus “costes” – económicos y de gestión – son significativamente mayores).

IV. Valoración final: “fabricando” bolsas de pobreza en la futura tercera edad

Sin entrar a valorar los motivos institucionales y normativos que estarían dificultando una mayor expansión de los Planes de Pensiones del Sistema de Empleo (aspecto que ha centrado un parte sustancial de esta parte del proyecto de investigación), los datos actuales proyectan una línea de tendencia muy preocupante.

Sin olvidar los problemas asociados a la baja calidad del empleo que se está creando en la actualidad (y su estrecha relación con las posibilidades de ahorro), personalmente estimo que, salvo que se produzca un cambio normativo que “apuntale” la suficiencia del sistema contributivo y que también corrija los desajustes que impiden la extensión de los Planes de Pensiones del Sistema de Empleo, se están dando las condiciones institucionales y legales idóneas (una tormenta perfecta) para que, en unos años, nuestro “sistema” progresivamente empiece a “fabricar” ingentes bolsas de pobreza en la futura población de mayor edad.

Y, más allá de los pactos intergeneracionales que todo modelo de reparto lleva implícito y de cuestiones ético-políticas asociadas a la discusión sobre modelo de sociedad que colectivamente aspiremos a construir en nuestro futuro, no cabe duda que el coste (no sólo económico) de un escenario con una población envejecida y empobrecida podría llegar a ser astronómico.

Espero (sinceramente) estar muy equivocado en estas predicciones.

 

 

 

 

 

 

 

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